12 noviembre 2008

Mañana más

Antes de nada, a quien disfrute sabiendo explicitamente de mi vida personal, que se ate la servilleta y se prepare a degustar las últimas setecientas sesenta y cinco palabras que pienso dedicar a ella en este blog:

Te contaré algo que probablemente ya sabes: como persona soy bastante hijo de puta en algunas ocasiones. 
A veces me arrepiento de algunas cosas en el mismo momento en que las hago. A veces, intentando enmendar esas putadas cometo putadas aún mayores, como bolas de nieve que empiezan de un mal paso en un sendero y acaban sepultando idílicos pueblecitos de montaña. 

Pese hay quien piensa que ceno niños, lo curioso es que, como la mayoría de la gente, rara vez lo que hago encierra auténtica mala fé, aunque eso nunca disculpa de ninguna los daños causados, que pueden (y son) ser graves e irreparables. No podemos pretender ser tormentas, ni huracanes, catástrofes naturales inmunes a la conciencia. No por no desear el daño estamos libres de la culpa.

Esto debe quedar bien clarito: el que estas líneas suscribe es un ser autocompasivo, mentiroso, egoísta y manipulador. Este blog no es más que el resultado de tamizar todos estos defectos e intentar depurar algo salvable. Y si es posible, compartirlo y ver qué reacción se obtiene de ello.
Y es muy posible que lo consideres mi disfraz, mi tela de araña, para hechizar a pobres incautos y convertirlos a la causa.

Si no puedo enmendar los errores, si cualquier palabra que escriba va a ser artificiosa, quizás la manera de evitar el dolor propio y el ajeno sea callar. Y elegí callar como penitencia, la penitencia del parlanchin, del charlatán, la penitencia de el encantador de serpientes.

Y todo seguiría siendo así, y yo habría pulverizado esto, lo menos malo de mí, mi ocasional tabla de salvación,  si no hubiese sido porque alguien caído del cielo me ha liberado de gran parte de la culpa que me agobiaba, y recordandome lo que este blog no es ni será nunca.

Esa persona, la que ha salvado este blog, eres tú misma, y te lo agradezco de todo corazón.

Te quiero agradecer los insultos, las llamadas a todas horas, de día, de noche, y en el trabajo. Gracias por informarme de que conocías a gente que podría romperme las piernas, como en la canción de los Planetas. Gracias por lamentar que no tenga coche porque así podrías destrozarlo. Gracias por despertarme para decirme que necesito ayuda profesional. Gracias por intentar volver en contra mía a toda la gente que has podido, insinuando incluso alucinantes acusaciones que no reproduzco aquí para no restarle seriedad a algo que para mí es importante.
Gracias por llamar a mi familia y preocuparla.
Gracias por gritarme que me suicide.
Gracias por desearme la muerte.

Gracias por todo eso. Ahora, pese a que sigo sabiendome un hijo de puta, aunque no tiene perdón lo que te he hecho, me has liberado lo suficiente de la culpa como para poder hacer mi camino y no dedicarte el epitafio de esta aventura, que ya existía mucho antes de que entrara en tu vida, y que muy a tu pesar seguirá existiendo mucho después de que salga de ella. Mucho después de que te hayas cansado de odiarme.

Tambien quiero agradecerte, a tí y a tus amigos especialmente, el recordarme lo que este blog no es: Este blog no es un instrumento de odio ni de rencor. Ni del mío ni del ajeno. 

Podrá entrar cualquier individuo de prosa atropellada al que ni siquiera conozco a explicar a quien me lee los pormenores de lo que sabe de mi vida privada con su amiga y no le voy a detener. Y le dejaré explayarse con esa vehemencia de quien nunca se ha equivocado, con toda la extensión que el sistema de comentarios le permita, y le dejaré estrellarse de cabeza con el hecho innegable de que aquí mi vida privada, y la tuya, le importan un pepino a la gente. 
He tardado algo de tiempo en entender esto, y desde aquí quiero agradecer a odiolitos, sibel, awake, saima, otra, ivan, wanfry, ike y nuala el habermelo hecho ver.

Resulta curioso que hace cuatro años, el miércoles 26 de Mayo de 2004, me desvelara escribiendo sobre los problemas que este atajo de textos me traía a mi vida personal. En esa época todo era distinto y yo probablemente tenía mejor concepto de mí mismo del que tengo ahora, y obviamente puestos a elegir, elegía lo que consideraba más importante.

En estos momentos me encuentro en el caso inverso. 
Esto sigue adelante. Yo lo suicidé y yo lo revivo.
Y lo hago porque lo necesito. Y lo necesito por la misma razón por la que tú lo aborreces: porque simplemente tiene lo mejor de mí, lo más salvable.


Mañana pensaré algo que escribir. O no. Ya sabeis que últimamente no soy muy puntual.

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