20 mayo 2015

Una especie de certificado

"No soy un robot". Marcas la casilla y rellenas el campo de texto con las cifras borrosas que se adivinan en la diminuta imagen para poder continuar. A veces, cuando estás cansado,  cuesta más acertar y tienes que hacer algunos reintentos que solucionas de manera casi inconsciente, con una destreza mecánica bien entrenada.

"No soy un robot" -lo pone arriba bien claro-  aunque en tu torpeza empiezas a dudarlo, y convertido el asunto casi en una cuestión de orgullo  escudriñas la maraña de pixeles cada vez más pegado a la pantalla. Y cuando por fin la clave es aceptada por la remota y exigente entidad sintética que se ha erigido en momentánea evaluadora de lo humano de tu condición,  casi suspiras. Y se te concede el premio de visitar la siguiente pantalla.

Algunos días torcidos desearías que ese aprobado en el examen de humanidad fuese algo más que un mecanismo anti-spam.  En esos días raros querrías que "no soy un robot" fuera un alegato tajante, la confirmación de algo que venías sospechando pero que no tenías totalmente claro.  Una especie de certificado.

22 febrero 2015

Manifiesto nocturno y nihilista

En el mundo que habitamos todas y cada una de las malas ideas que pueden ser han sido pensadas antes que tú. Las buenas también, tengas un hijo o plantes  un árbol. Y ser malo, muy a tu pesar, tampoco te hace especial: todo el daño que puedas tu hacer ha sido hecho y olvidado, han ardido capitales y se han quemado bibliotecas por menos motivos de los que tu piensas. Nada te hace distinto por pensar algo inesperado porque el tiempo que tienes no es tuyo: te ha sido prestado y no te han dicho por cuanto. Y lo que hagas con él, a largo plazo (y en mi opinión) no es que importe
demasiado.

27 noviembre 2012

Lemmini

Con los años refino mi colección de costumbres potencialmente autodestructivas: esta noche he disfrutado preocupantemente de un breve paseo nocturno en moto por la ciudad, bajo la lluvia.
Hacía frio, y un halo de gotas en aparente suspensión resplandecía en torno a la luz de las farolas. Las calles estaban desiertas. Circulaba por el centro exacto de la calzada. El asfalto mojado estaba inusualmente negro y limpio, como de ciudad nueva. Centenares de gotas microscópicas aparecían de la nada iluminadas por el faro, y brevemente visibles, avanzaban hacia mí trazando un trozo de espiral antes de precipitarse contra la visera del casco.

18 noviembre 2012

Miope

Me gusta que seas miope, que me mires a lo lejos, como buscándome un horizonte.

26 agosto 2012

Los septiembres

Soy en general rehacio a los septiembres. Hay algo en las vueltas reencuentros y rearranques que me enferma. Me quedo con la urbe solitaria y sobredimensionada. Con las calles desiertas. Con el vacío de los aparcamientos. Con esa sensación de espera. No es que no quiera que todos vuelvan. Pero cuando lo hagan yo quiero estar lejos, es sólo eso.

11 julio 2012

Deberíamos ser artistas

Y lo digo en general porque el consejo vale para cualquiera.
Ahora que parece que el cielo se cae sobre nuestras cabezas y que valemos menos de lo que pensábamos. Ahora que somos culpables de haber existido. Ahora que todos los dias comprobamos que tanto hormigas como cigarras arden en el incendio.

No hablo de lentejuelas ni de aplausos, hablo sólo de hacer algo. Algo que nos conmueva y nos quite el sueño. Algo que no sea lógico ni aconsejado. Algo que nos robe las horas y que no de dinero, y que aun así nos importe un carajo.
Deberíamos poder soltar un rato esa íntima mochila de mierdas que todos cargamos y, aupados en ella, mirar hacia arriba y recrearnos en el sencillo placer de crear algo.

31 mayo 2012

Al final no era lo mismo en chino crisis y oportunidad

Una leve fobia al vacío nos aguarda cuando el pasillo al tenemos los pies acostumbrados se transforma en cielo abierto, cuesta vencer el vértigo e improvisar la caligrafía manteniendo rectos los renglones donde ya no están sus guías.
Al final no era lo mismo en chino crisis y oportunidad; fue todo un bulo provocado por un mala traducción y lo ambiguo de los pictogramas.
Los filólogos lo saben desde hace tiempo pero no han querido decirlo hasta ahora porque creo les daba ternura ver lo contentos que nos decíamos la frasecita y vestíamos esa invisible cota de malla trenzada de optimismo e ingenuidad que nos hacía -a nosotros y a los chinos-  inmunes a las balas de la desgracia.
El caso es que los chinos también lo pasan mal cuando las cartas vienen mal dadas. Han perdido en el proceso su aura de mística perseverancia y han ganado unos gramos de la humanidad más imperfecta y verdadera.
Las crisis no son un gusto para nadie a no ser que ocurran en un establo y de todos tú seas el animal con los dientes más afilados. Si te toca estar del otro lado, no vale la pena buscar el libro de reclamaciones ni preguntar el procedimiento de evacuación: no hay remedio mágico, no hay ningún plan que sea eterno y los mapas que seguíamos hace tiempo que quedaron obsoletos.

Hay que descalzarse para notar el suelo. Será cuestión de observar y de improvisar.


21 mayo 2012

El ejercicio de la ausencia

La medida y el alcance de tu espacio en el planeta se mide por lo hondo del hueco que les queda a los demás cuando no estás. Es una cosa jodida que el sistema de medida requiera del ejercicio de la ausencia, es como romper una botella para saber cuanta agua lleva. Y no deja de ser una ironía que las respuestas con el resultado se envíen a todos los demás pero tú nunca seas el destinatario. Echar de menos no es malo, lo malo es sentirlo y no contarlo.
En eso creo que el universo castiga a los callados.

15 mayo 2012

Ola seca

Estoy de nuevo despierto, consciente y sometido a todo tipo de sensaciones. Pendiente de todo, y de nada realmente.
Esclavizado por la misma lógica natural que dicta que las ardillas sin la cabeza suficiente para recordar donde están las mejores bellotas poseerán por necesidad un olfato privilegiado e hipersensible. O se extinguirán.
La madre naturaleza habría acabado hace tiempo con los seres desmemoriados si no le despertásemos, sospecho, cierta simpatía.  Así que sabiéndome perdonado por el espíritu de la Tierra, y en plena posesión del condenado don compensatorio de notarlo todo y no parar de darle vueltas a lo divino y lo humano, doy una nueva vuelta en la cama.
El roce de la sábana en la nunca se siente en la cabeza como arena, como el sonido de una ola seca.
Por la ventana llega amortiguado el mantra nocturno y urbano de tráfico distante y grillo de farola.
Un perro ladra a lo lejos...


30 abril 2012

Nación de durmientes afines

Empiezo a pensar que la insistencia de mi organismo por rendirse al sueño tres horas más tarde que el resto del vecindario ha de responder a un deseo primario, un instinto reptiliano y ancestral como el que impulsa los ciclos migratorios o los periodos de hibernación.
No es que me moleste demasiado velar el sueño del barrio ni escuchar el traqueteo de la lluvia en sus tejados, pero es evidente que como buen urbanita aburguesado que soy no estoy interpretando las pistas que mi cuerpo somatiza.
Así que velo los tejados y el sueño de sus propietarios e hipotetizo.  Mi hipótesis es que los ciclos de mi sueño están donde tienen que estar y soy yo el que sufre este desfase al no estar en el lugar del mundo adecuado en el que serían totalmente normales.
No puedo saber la latitud de esa nación de durmientes afines pero sí la hora por la que se rigen. Busco un mapa de usos horarios para ver que tengo tres horas a la izquierda y evaluar mis posibles destinos. En la franja escogida por mi cuerpo hay casquetes polares, mucho océano, y también está Brasil.