jueves, enero 31
Prehistorias
Me he encontrado de sopetón con mi viejo blog, el de antes de éste, y lo he integrado en el historial de posts. Los comentarios del personal no tienen desperdicio. Es como el blog de otra persona. Todo era más rápido, más ingénuo y emocionante. Al principio me ha frustrado comprobar que entonces escribía mejor que ahora, pero luego me ha tranquilizado saber que ya no tengo que temer a la llegada de la decadencia porque estoy cómodamente instalado en ella.
miércoles, enero 30
Error humano
Hay meses y momentos en los que a duras penas consigo escalar para orientarme las montañas enmarañadas de nadas y de demasiados que los últimos accidentes que he coprotagonizado han dejado esparcidos por el paisaje. Y vagabundeo entre árboles carbonizados y acero retorcido, intentando dilucidar si en el momento en que las hélices se olvidaron de girar estaba más cerca del punto de partida que el de destino. E intentando recordar de donde partí, a donde iba y el porqué de ese viaje fallido, malvivo de las raciones de supervivencia. Y me siento a otear el cielo, esperando a que el humo escampe y aparezca alguna estrella con la que orientarme.
domingo, enero 27
Aritmética imperfecta
Hoy soy la resta de lo que callé y debí decir menos lo que dije y debí haberme ahorrado. Soy un resultado negativo y decimal. Un número incómodo y ajeno.
martes, enero 22
Especialidad
Iba a escribir sobre la niebla que anoche, antes de acostarme, pareció haber borrado el mundo tras mi ventana dejandolo todo empapelado en blanco. Y de cómo esta mañana el día ha amanecido tan soleado y claro que he pensado que lo soñé. Luego he pensado escribir sobre lo malo que soy tomando decisiones y de cómo ante el miedo de no escoger la opción adecuada elijo lo peor. Así al menos las sorpresas sólo pueden ser para bien. Pero al final no he escrito de una cosa ni de la otra. Ni siquiera de todo lo contrario. Lo cual es raro, porque esa suele ser mi especialidad.
domingo, enero 20
Eremitas
Anda mi conciencia ultimamente reencarnada en un dolor en el pecho, fruto del último y mal curado batacazo en bicicleta. No es para alarmarse, sólo me duele cuando respiro muy hondo, cuando me abrazo con fuerza, cuando levanto pesos con el brazo derecho y en general cuando cometo alguno de los excesos a los que estoy acostumbrado. Hasta cierto punto es adoctrinador: me suele dejar tranquilo y sólo aparece cuando hago el tonto. Hoy mi dolor ha fracasado en su misión de control, y mientras me vuelvo a casa caminando algo fastidiado, no puedo evitar sentirme un poquito el Holden Cauldfield de "El guardian entre el centeno", que vaga entre la gente fantaseando ser un fugitivo que oculta un balazo en el pecho. Evitando entrar a valorar los cada vez más alarmantes paralelismos entre las andanzas de ese adolescente inmaduro y desorientado y la historia reciente de un servidor (que va de mal en peor), me pregunto como debió llevar el señor Salinger que un loco matara a John Lennon utilizando su libro como excusa. No sé si fue ese el detonante de que el autor nos mandara a todos a paseo y se convirtiera en eremita. Yo realmente no le culpo. A veces tengo impulsos de hacer lo mismo, pero, qué quieren que les diga, me falta el carácter. Además no tengo muy claro que la culpa de todos mis males sea del resto del mundo. Y además, necesito los huevos.
jueves, enero 17
Kentucky
Este mundo es capaz de encumbrar, enriquecer y hasta inmortalizar a un tipo que lo único que hizo fue inventar una nueva manera de freir alitas de pollo. Mientras, ignora a millones de personas importantes que escriben sin saberlo efímeros libros de historia en los que las páginas -repletas de diminutas y cotidianas proezas- se desvanecen en cuanto sus agotados protagonistas se arrastran a sus camas y cierran los ojos vencidos por el sueño. Este mundo sólo nos deja la opción de emigrar a otro. O la de intentar mejorarlo. O la de inventar el sandwich de atún perfecto y venderlo con un nombre pegadizo. Me da la sensación de que todos terminamos escogiendo una.
miércoles, enero 9
Atrincherado
Yo. Bueno: yo, esta maceta y mi gato. Y un rectangulo de suelo soleado. Firmo ya por eso, sin dudarlo. Cada vez me cuesta más procesar lo que me pasa a diario. ¿Que fue del yo clarividente, insolente...repelente? En algún guardamuebles lo tendré embalado criando polvo. Supongo que es como los examenes, que cuanto más estudias más nervioso te pones. Yo en eso probé de todo. De todo menos aprobar, claro está. Pero tuve suspensos impertérritos, aplicados, neuróticos y hasta indolentes. Indolentes al final: no tiene sentido darse por vencido cuando estás empezando. ¿O quizás sí? Tal vez sea en esos momentos en los que tu vientre escoge las direcciones más sencillas e inapropiadas cuando somos más plenamente conscientes de que en este mundo hay gente perseverante pero sin suerte y otra a la que toca tres veces el gordo de Navidad porque compra los billetes para blanquear dinero. Y luego estamos los que preferimos no jugar, porque no tenemos claro que sea peor el delito de no intentarlo. Aplazo a mañana el recordar de qué quería escribir hoy porque prefiero irme a dormir. Hoy no hay sitio para eso, hoy sólo estoy yo. Bueno: yo, esta maceta y también mi gato.
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