15 mayo 2012

Ola seca

Estoy de nuevo despierto, consciente y sometido a todo tipo de sensaciones. Pendiente de todo, y de nada realmente.
Esclavizado por la misma lógica natural que dicta que las ardillas sin la cabeza suficiente para recordar donde están las mejores bellotas poseerán por necesidad un olfato privilegiado e hipersensible. O se extinguirán.
La madre naturaleza habría acabado hace tiempo con los seres desmemoriados si no le despertásemos, sospecho, cierta simpatía.  Así que sabiéndome perdonado por el espíritu de la Tierra, y en plena posesión del condenado don compensatorio de notarlo todo y no parar de darle vueltas a lo divino y lo humano, doy una nueva vuelta en la cama.
El roce de la sábana en la nunca se siente en la cabeza como arena, como el sonido de una ola seca.
Por la ventana llega amortiguado el mantra nocturno y urbano de tráfico distante y grillo de farola.
Un perro ladra a lo lejos...


1 comentarios:

Francisco Quintero dijo...
Y como nadie dijo nada, yo diré que siempre que regreso aquí siento envidia cochina de tu no querer realmente, pero seguir, sea lo que sea.

Y de seguir bien, al fin y al cabo.