10 octubre 2011

Gestión de expectativas

En estos días me da la sensación de que es difícil que te salgan todas las cosas como esperas, es como si alguien hubiese destilado esencia de frustración y la hubiera disuelto en el aire que todos respiramos.
Todos menos los futbolistas de primera y los políticos, a los cuales veo respirar mucho pero parece que las cosas sólo pueden irles bien o mejor.
Y los grandes accionistas y directivos de bancos y agencias de calificación, aunque no sé si incluirlos en la lista porque no tengo muy claro que realmente respiren.


En fin, me estoy desviando. Pienso que debe haber en algún sitio un cementerio para los planes truncados y todas esos sueños que acaban desahuciados por una fría realidad de telediario matutino que sólo habla de de males y de peores, de recortes y retales y de pelotazos varios de esos de los que sólo tenemos noticia cuando acaban dándonos bien fuerte en las partes a todos los ciudadanos.

Muchas veces tu bocadillo no es como el de la foto.
Y el resto de cosas no son como pensabas. Y en ese ejercicio obligatorio llamado pomposamente gestión de expectativas resulta muy fácil agenciarse a rabia y melancolía como plañideras de turno. Y montar todos los domingos procesión al cementerio, a visitar la tumba de nuestro difunto sueño, cambiarle las flores de la lápida, pensar en cuanto hubiera crecido y cagarse en los muertos de quien lo mató de inanición.

Tambien puedes instalarte en la apatía y el orgullo. Bajar las persianas y quejarte siempre de la fiesta del vecino. Pensar que a tí no te la vuelven a pegar y construirse una existencia encapsulada, dura e inerte como un canto rodado. Impermeable a cualquier oportunidad de cambio y que, como cualquier canto rodado que se precie, suele acabar viendo el agua pasar reposando en el fondo.

Por último tambien puedes optar por ponerte las orejas de burro y seguir pedaleando sin tomar la curva, con las esperanza de que en la cesta de tu bici dormite un extraterrestre envuelto en una manta. Y que le dé por levantar un dedo iluminado y tu bici despegue componiendo una imagen de postal con la luna llena de fondo, contradiciendo de paso las leyes de Newton y las de seguridad vial, y las del sentido común en general.

Puedo enumerar todas estas estrategias porque las he puesto en práctica todas en relativamente poco tiempo y he constatado que tal vez a otro sí, pero a mí no me funcionan nada.
He perdido muchas horas de sueño repasando mis errores, y he maldecido todas las veces en que decidí mal o no vi venir algo que a toro pasado ha resultado evidente.

Pero me he dado cuenta de tres cosas: mi necesidad soñar, la certeza de que eventualmente la voy a cagar, el convencimiento de que soy humano.

Necesito soñar. Me he dado cuenta de que necesito intentar cosas y ser atrevido. Sólo viviendo sin leer un guión escrito por otro podré aportar algo a mi vida y a la de los demás. También me he dado cuenta que es difícil conciliar eso con el realismo y la prudencia que se espera de alguien que empieza a tener la barba cana y que a fin de cuentas son necesarias para no acabar en el frenopático o en la beneficencia.
Pero para discursos previsibles y cuellos almidonados ya mantenemos a la familia real. Al final terminarán sirviendo para algo.

La voy a cagar, casi seguro. Shit happens, dicen los yankis con ese talento tan suyo para sintetizar conceptos en pocas sílabas.
Viajo sin mapas. Y el terreno que hay delimitado entre lo alocado y lo previsible, entre el pesimismo y la euforia, aún siendo el más abundante y rico, es el menos cartografiado. Cuando te pierdes puedes tener suerte y acabar en un sitio mejor, pero muy probablemente acabes de fango hasta las rodillas. No hay que volverse atrás, cosas del camino. Reorientate y toma la dirección buena.

Soy humano, mi DNI y mis recientes analíticas médicas lo atestiguan. Y la cagaré precisamente por eso. Y si  fallo porque estaba distraído, tendré que asumir mi error, aprender de él y privarme de lo que sea necesario hasta que pueda enmendarlo.
Y si fallo habiendo puesto todo mi esfuerzo y voluntad en ello, tendré que aprender a perdonarme y a no atormentarme por ello. En primer lugar, siendo prácticos, porque autofustigandome no me sacaré del hoyo. Y en segundo, ya en un sentido más amplio, porque... joer, porque soy humano y no pienso repetirlo más.

Vaya, esto iba a ser un post cortito sobre la gestión de las expectativas y ha terminado siendo una kilométrica y catártica declaración de principios. Quizás lo necesitaba.
Lamento si no era lo que buscaban pero les recuerdo que esto es un blog personal,  que necesito soñar, que a veces la cago y que soy... En fin, tal vez deban gestionar sus expectativas.

5 comentarios:

Awake at last dijo...
:-) Es curioso, a mí últimamente me ha dado por decir que ya no tengo ni miedo ni vergüenza (en el sentido de que si me equivoco no pasa NADA), y si bien ayer fracasé estrepitosamente en mi empeño, hoy se ha revertido el fallo sin que nada se haya derrumbado ni suenen las siete trompetas del Apocalipsis (bueno, cantaban los pajaritos, pero eso no cuenta, ¿verdad?

:-)

Mks.
Fujur Dragon Blanco dijo...
Ese cementerio del que hablas... se llama La Mina de las Imágenes.

Vuelve a leer La Historia Interminable.
Fujur Dragon Blanco dijo...
1. Te perdono por la kilométrica y catártica declaración, aunque este sea tu blog.

2. Hay una confuso factor tangencial entre lo que escribes y lo que casualmente cuece mi cabeza. Y si se me entiende que escribes lo que pienso, lo estoy entonces lo explico fatal. Yo diría que podrías ser... el horóscopo definitivo ¿?¿?
pab dijo...
No vayas diciendo esas cosas, si fuese el horóscopo definitivo dejaría en el paro a muchos redactores de horóscopo de diarios y a muchas señoras del canal tarot. Es mejor no provocar al lobby de los astrólogos, que es muy poderoso...
neko dijo...
Horóscopo definitivo? no por dios... que hay gente que no tiene mas sueño que el esperar que se cumpla su horóscopo diario, no les quites eso, que también son humanos :)