16 febrero 2010
Otra de esas catarsis técnicas...
Siempre le he tenido muy poco respeto al pasado, tengo mala memoria, hace años que no guardo las entradas de los conciertos, nunca saco las fotos y en general tiendo a meterlo todo en cajas que luego nunca quiero abrir pero tampoco tirar.
Hoy soy una vez más victima de esa dejadez. No sé si por mis eternas e inevitables ganas de ser distinto aunque ello casi siempre suponga ser un poco peor, o por simple dejadez, nunca utilicé el sistema de comentarios que Blogger me ofrecía y utilicé el viejo y cochambroso sistema de Haloscan que tan buenos ratos me ha dado viendo vuestras participaciones. Pues bien, todo se acaba y la gente de Haloscan cierra la paraeta, diciendole a sus usuarios que mañana dejarán de funcionar los comentarios para siempre.
Eso me ha hecho dar un salto de la silla, porque hay un montón de cosas dichas (aproximadamente unas 7.000) en este corral a lo largo de los años de las que no quiero ni puedo prescindir. Una de esas cajas que no pienso tirar si puedo evitarlo.
En fin... Ya tengo comentarios guardados a buen recaudo y voy a intentar hacer cambios para poder reinstaurarlos... cuando se me ocurra cómo....
Mientras tanto, y si hago pruebas, es posible que veais algunas cosas raras.
06 febrero 2010
08 enero 2010
Destiempo
En días como hoy en los que el sol no es sol sino un borrón blanco, un intento fallido, camino esquivando montículos de ceniza y pilas de leña mojada. Vestigios de chispas que saltaron antes de lo aconsejado, incinerándolo todo a su paso y otras que esperaron tanto tiempo a que llegara el momento adecuado que el momento adecuado pasó por cualquier otro lado, y se quedaron dormidas y se convirtieron en charco.
30 noviembre 2009
Rectángulos de sol
A la gente que siempre estamos como el tiempo nos está vedada la residencia prolongada en países lluviosos, nos moriríamos del asco. O lo que es peor, terminaríamos acostumbrándonos.
26 noviembre 2009
Muerto el soporte
Los críos que crien los críos de ahora capturarán y compartirán en la red recuerdos en alta definición, con sonido cuadrafónico y envolvente. Será más fácil constatar que antes era todo más sencillo, que el tiempo no estaba tan loco, que las cosas eran más baratas y que las horas eran más largas. Será mayor el contraste y también la decepción.
16 noviembre 2009
Pista
Te juro que lo intenté. Estudiar lo que aprobaba con facilidad, y no lo que me gustaba. Corresponder a quien me quería bien y no a quien me hacía encanecer.
Pero las cosas no siempre funcionan así, al menos no para todos, y seguro que no para mí. Es la suerte de los que podemos acelerar pero no sabemos cambiar de carril.
14 noviembre 2009
Retórica nocturna número un millón
¿Y si las cosas no saben o huelen como debieran?¿ Y si alguien te decepciona hasta el punto en el que piensas que no es culpa suya, si no de tí mismo y de de tus expectativas torcidas?¿Qué haces, entonces?¿A quien protestas?¿Hay árboles suficientes para tantas hojas de reclamaciones desahuciadas?
04 noviembre 2009
π
Muchos matemáticos adoran los problemas irresolubles, o quedan hipnotizados por lo caótico e infinitamente impredecible de la secuencia de los decimales de algunos números.
A mí me pasa algo parecido, pero con las personas.
Creo que eso es lo más cerca que voy a estar nunca de ser un matemático.
16 octubre 2009
Reinvención
Me reinvento a base de buenos propósitos difíciles de cumplir unas trescientas sesenta y seis veces al año.
Hay días en los que se me despereza el perro, no estoy por la labor de hacerlo y luego, obviamente, se me amontona la faena y tengo que apretar para cumplir la cuota.
Es duro querer ser una persona diametralmente distinta dos o más veces al día.
06 octubre 2009
Quien calla otorga
Esta tarde mientras trabajaba en mi estudio han entrado en mi terraza tres tíos vestidos con chándal y esas riñoneras que ya sólo llevan los turistas del este y los policías de paisano.
Tras identificarse con sus correspondientes placas y preguntarme si la terraza era comunitaria -supongo que para evitarse invadir una propiedad privada- me han pedido que les dejara estar allí un rato. Les he dicho que sin problemas y me he reprimido las ganas de ofrecerles un martini a ver qué me respondían. Los chavales, majos pero un poco sosos, no me han aceptado ni un vaso de agua.
Se han puesto observar atentamente la calle, parapetados. Anotaban matrículas y descripciones, identificando a los reyezuelos efímeros del menudeo de costo de mi barrio, y también tomándoles fotos y lo cantaban todo por sus walkies a sus compinches uniformados.
Después de tres cuartos de hora de alfatangobravo se han levantado, me han dado las gracias y se han largado.
He salido a la terraza y atardecía ya de largo. Algunas gaviotas de costumbres migratorias un poquito urbanizadas volvían cruzando el cielo de su cotidiano atracón en el vertedero de un pueblo cercano. Me he preguntado si aún se acordarán de pescar, quizás su generación vivió siempre de basura y nunca lo necesitaron.
La incursión policial sido tan surrealista y había dejado tan poco rastro que al cabo de dos minutos he pensado que quizás me la había imaginado. Estaba ya casi convencido de eso cuando dos coches patrulla han entrado con las luces girando al cruce de abajo y han comenzado a pedir documentaciones a mansalva.
A treinta metros por encima de mi cabeza he escuchado un graznido que parecía expresar cansancio, hartazgo y ganas de llegar a la playa para descansar un rato las alas. Las diez o quince compañeras que compartían formación han callado, no sé si por darle la razón o por puro cansancio.