17 noviembre 2005

Convaleciendo

Tengo un amigo con cierta tendencia a arrastrar su scooter por las rotondas de extraradio.
Nada grave hasta hace bien poco. Sólo que la ultima vez se le ha ido la mano.
Esta va por tí, para exortizar el susto que nos has dado.

Mejorate pronto, gato.

15 noviembre 2005

Adolescencia Episcopal

Llega un día que le respondes mal a tus padres cono niño mimado que eres. Y te amenazan con quitarte la paga y claro, dada tu indefensión económica y lo caros que están los tebeos, te toca aguantarte y callarte la boquita.
Leyendo las noticias me doy cuenta de que la Iglesia Católica española está llegando a la pubertad.
¿Continuaran la tensión familiar?¿Se independizará pronto?¿Encontrará un piso a un precio decente?

09 noviembre 2005

Car crash

Ultimamente soy un coche sin control que gira y derrapa todo el tiempo golpeando los quitamiedos a un lado y a otro de la autopista.
Abollandose a sí mismo y a todo lo que le rodea.
Lo peor no es eso. Lo peor es no saber qué puede alcanzarme por detrás cuando al fin pare.

02 noviembre 2005

Onomastica aleatoria

A mí personalmente Leonor no me parece un nombre ni bueno, ni malo. Pero echo de menos un poquito de imaginacìón por parte de esta familia tan maja a la que mantenemos tu y yo.
Como soy de naturaleza sensible, el problema me tiene subyugado desde hace días.
Hasta que hace unos minutos, como por arte de magia, comentando en el blog de un amigo, me ha venido la solución.

La teníamos delante todo el tiempo, pero nadie se habia dado cuenta. Por cortesía del sistema de comentarios de blogger: Mi nuevo y flamante Generador Automático de Nombres Originales de Sucesores a la Corona.

Yuri

El Primer Cosmonauta fue aclamado a su regreso por toda una nación y admirado por el resto del mundo. La presión de la fama que su legendaria hazaña le brindó (y la apretada agenda que le impuso el ministerio de propaganda) le aficionó al vodka, del cual se convirtió en un consumidor no menos legendario.
Los últimos años de su vida el Primer Cosmonauta no era más que un pálido reflejo del fabuloso señor que fue en sus inicios. Un icono caduco, un pelele resacoso. Una foto firmada.

Ignoro quien fue el Primer Internauta. Lo que está claro es que fue mucho más listo.

29 octubre 2005

PGEMAPNSMBQ

Alguien anónimo decidió fundar el Partido de la Gente que Echa de Menos Algo Pero No Sabe Muy Bien Qué.
Un partido sin programa, ni candidatos, ni carteles ni mitines ni logotipos. Sin think thanks ni grupos mediáticos afines. Sin doctrina ni credo.

Ni que decir tiene quen el PGEMAPNSMBQ arrasó en las siguientes elecciones.
La vida era más o menos lo mismo, pero los telediarios se llenaron de noticias de verdad.

25 octubre 2005

Superpoderes, aristocracia y bicicletas.

Los superhéroes nacen o se hacen. A mí siempre me cayeron mejor los que se hacían. Ya fuera a través de alguna experiencia traumática o por exposición prolongada a radioactividad (lo cual tampoco debe ser un plato de gusto).
Me parece tremendamente clasista que un papanatas nacido en Kripton caiga en nuestro planeta y ya desde bebé tenga todo tipo de poderes fabulosos. Reclamo el derecho de cualquier hijo de vecino a salvar el mundo.
Esas cosas influyen en el carácter de uno. Yo personalmente no me dejaría salvar por un nenaza de buena cuna con caracolillo engominado por muchas vigas de acero que pudiese doblar con el meñique. Es una cuestion de coherencia y de principios. Hacen falta superhéroes de clase media, fumadores y malhumorados. En ese sentido siempre me ha encantado uno que tiene patillas, uñas metálicas y muy mala leche.

Todo esto me viene a la cabeza porque hoy he descubierto que soy capaz de dormir e ir en bicicleta al mismo tiempo. Todavía no entreveo el destino que me va a deparar el ser poseedor de tamaño superpoder. He decidido permanecer expectante y refugiarme en mi identidad secreta hasta encontrar a un supervillano merecedor de ser atropellado por un ciclista sonámbulo.
Shhh. Guardenme el secreto.

19 octubre 2005

Supermercado

La otra tarde en el pasillo del supermercado un poeta andrajoso me asaltó surgiendo de entre los sacos de arena para gatos. Tiró de mí manga y me introdujo en su refugio invisible hecho de cajas de dixan y sillas de jardín de exposición.
Me pidió silencio con un gesto y se puso a espiar el exterior con aire preocupado. Como no tenía nada que hacer, me quedé con él e imité todo lo que hacía.
Espiamos a las señoras que sisaban cosméticos. Aterrorizamos a los reponedores con una lluvia de caramelos pez e hicimos resbalar al jefe de tienda untando el pavimento con jabón de marsella.
Comimos atún en aceite vegetal y galletitas saladas, y disuadimos a un adolescente de comprar bollería industrial ululando gemidos de ultratumba.
Se me pasó el tiempo volando y pronto llegó la hora de irme. El poeta andrajoso me regaló un bote de aceitunas y me aconsejó no fiarme nunca de las ofertas de tres por dos.

Volví más veces al supermercado pero nunca lo volví a ver. Ahora compro en el ultramarinos. No me divierto tanto pero está todo más bueno.

12 octubre 2005

He inventado la rueda

En los lugares donde no hay ni una rayita de cobertura en el teléfono, los pájaros no necesitan mover las alas para sostenerse trazando arcos a cientos de metros encima de tu cabeza.
Y puedes escuchar el ruido que hace el suelo cuando roza con el viento.
Y si te quedas de pie encima de una piedra, bajo un cielo tan ancho que no te cabe en un sólo recuerdo, te entran ganas de gritar para ver qué te responde.
Pero ese silencio perfecto y viejo no es tuyo, y al darte cuenta se te quitan las ganas de romperlo.

07 octubre 2005

La hora de Sato y Cantone

Nunca antes habían hablado ni se conocían.
Pero de alguna manera ambos se sintieron atraídos hasta ese lugar tan lejano para ambos, hasta el punto de dilapidar sus ahorros en el viaje sin saber muy bien porqué.
En el patio interior del desvencijado hotel tunecino se respiraba un aire de agradable abandono. Ambos compartían mesa, pese a que no había más clientes en el lugar.
El nonno Cantone, de 97 años de edad y natural de Calabria, sacó de la maleta de piel agrietada una botella de Grapa.
El venerable señor Sato, de 101 años, y recién llegado de su Okinawa natal, deshizo un hatajo de paños que resultó ser una botella de sake.
Ambos sirvieron un vaso.
Sake para Cantone. Grapa para Sato.
Saborearon los licores y se dedicaron una sonrisa cómplice y algo cansada. Ambos se sabían fuera de su tiempo, y ese forzoso exilio del ahora les hermanaba y hacía cercanos.
Se levantaron sin más, no sin antes despedirse con una repetuosa inclinación de cabeza y subieron silenciosamente a sus respectivas habitaciones.
Ambos murieron esa noche mientras dormían. Fueron encontrados por el servicio de limpieza tumbados en sus camas perfectamente arregladas.