15 julio 2004
Sociología doméstica y una postdata
Existen tres grupos de personas:
Uno. Los que tienen razones de sobra para estar contentos pero no se dan cuenta de ello.
Dos. Los que deberían ser desgraciados pero aún así disfrutan la vida sin perder demasiado tiempo preocupandose.
Tres. Los que pierden el tiempo inventando categorías donde clasificar a la gente.
P.D.: Hoy he dormido poco y bien. Una de las dos cosas supone un cambio.
14 julio 2004
13 julio 2004
Mi cuerpo, las normas del credo y el agente Smith
Yo no confiaría mi alma inmortal a alguien con gafas de sol. Supongo que se trata de eso.
Lo he pensado detenidamente. Las parejas de mormones americanotes que pululan de un lado a otro por las ciudades inspiraron el diseño de los personajes de los "agentes" de Matrix.
Tan pulcros y silenciosos. Tan trajeados y tan imperturbables. Tan ajenos al sistema que les rodea y sin embargo tan pretendidamente integrados en él. Faltan las gafitas de sol, pero seguro que esa carencia está estudiada y es intencionada.
Los observo sentados en el tren comunicandose entre ellos en un limitadísimo castellano (las normas del credo lo imponen) y concluyo que decididamente no están nada a gusto con sus propios cuerpos.
Residen en ellos y los transportan con fines meramente utilitarios, pero está claro que ni los conocen ni los disfrutan. Supongo que los niegan. Las normas del credo también lo imponen.
De hecho las normas del credo suelen negar cualquier cosa obvia (que tienes cuerpo, que te encanta el sexo, que un día vas y te mueres).
Me planteo seriamente la posibilidad de sentarme frente a ellos, mirarles fijamente y preguntarles si disfrutan de sus cuerpos.
Asumo que las palabras "disfrutar" y "cuerpo" están en su finito vocabulario de inglés-español y eso me anima.
Pero me imagino que ellos contratacarían con preguntas sobre un tema en el que pienso con muy poca frecuencia.
Y seguramente, de poco preparada, mi respuesta les incomodaría.
Y tampoco es cuestion de incomodarlos.
Que pelean muy bien, y además esquivan las balas.
12 julio 2004
La cruda realidad
Me da igual lo que digan la NASA, los gurús del MIT o los directores de las compañías punteras en I+D.
La tecnología me defrauda cada vez más.
Que conste que no pido coches voladores, robots psicoterapeutas, viajes interestelares o máquinas del tiempo.
Hoy, a mediados del año 2004:
- No puedo destostar el pan cuando se quema.
- Mi móvil no sale a buscarme cuando lo pierdo.
- La comida de sobre sabe a sobre.
Y a lo loco
Tony Curtis, haciendose pasar por el joven heredero del imperio petrolífero Shell, invita a Marilyn Monroe a su yate.
Yate que por supuesto no es suyo, si no de un millonario "de verdad" que termina pidiendo la mano de un Jack Lemmon convenientemente travestido para la ocasión. Pero ese es otro asunto.
El caso es que, en el embarcadero, suben a la potente motora que les llevará al lujoso yate.
Enfrentado a los mandos, Tony Curtis se da cuenta que ni siquiera sabe engranar la primera marcha, pero obviamente no quiere que la Monroe se entere.
Así que se gira y cortésmente le pregunta si le importa que efectuen la totalidad del trayecto marcha atrás.
A lo que la Monroe contesta que, en su compañía, cualquier trayecto es placentero.
La esbelta lancha comienza a avanzar hacia atrás, atentando contra todas las leyes de la hidrodinámica y levantando una cantidad de espuma considerable.
Y ellos dignos, emperifollados, elegantes y guapísimos emprenden sonrientes su trayecto hacia el barco a paso de caracol. Pero con un estilazo indudable.
Supongo que a veces, llevar la cabeza bien alta al hacer algo es casi tan importante como hacerlo en la dirección adecuada.
09 julio 2004
El sol, de vuelta
El grueso cristal de la ventana del vagón me filtra la luz del sol más blanco que he visto en meses.
El aire está tan limpio que apenas filtra su brillo, y la luz se derrama por todo el paisaje a pesar de que ya es tarde y pronto habrá anochecido.
Me arrimo a la ventana y capturo cuantos rayos puedo con mi cuerpo. Mi escasa ración diaria.
Bajo mis ojos entrecerrados, pasan silenciosos a toda velocidad los interminables campos de arroz. En esta época, y con el sol rociandolos a ras, están de un verde rabioso, insultante.
Pero no sé a qué huelen, y en pocos minutos entro en la ciudad y los olvido.
Hoy, como otros dias, las horas han resbalado. Y como muchas otras veces, no he podido librarme la sensacion de que en algun sitio está pasando algo. Y yo me lo estoy perdiendo.
08 julio 2004
Experinvento
Perfecto. Hermoso. Perdurable. Proporcionado. Acorde. Adecuado. Pulcro. Brillante. Inmaculado. Impoluto. Intachable. Impecable. Sólido. Equilibrado. Estable. Neutro. Inalterable. Liso. Vacío. Frío. Inanimado. Eterno. Bello. Árido. Muerto.
05 julio 2004
El Niño Voyeur
Tengo un niño voyeur delante de mi casa
Me lleva espiando varios dias.
Me mira, agarrado a los barrotes del balcón y se rie.
Yo mientras friego, hago la colada o barro el suelo. O me cocino la comida para llevarmela al trabajo el día siguiente.
Le llama su madre para cenar.
Luego le esperan una cama con olor a limpio, mil sueños despreocupados y un largo verano por malgastar.
Bien mirado, no me extrala que me mire y se ria.
Crispín
Tenía 9 años. Era moreno y canijo. Y mentía como nadie.
Empezó de pequeñito. Ya en sus primeros balbuceos descubrió el intimo placer de perlar la rutina familiar de trolas diminutas y cotidianas, casi imperceptibles.
El regocijo que le invadía cuando decía "pipí" y su madre se encontraba "popó" bajo los pañales, era algo que asumió como propio y nunca le causó ningún sentimiento de culpa.
Y pronto aprendió tambien que las mentiras no descubiertas eran las más valiosas, porque permitian el contínuo ejercicio del engaño sin miedo a la represalia.
El colegio supuso para él una liberación. Una tierra virgen donde desarrollar su don a costa de niños ingenuos.
Y de profesores también.
Inventaba excusas para disculpar el no tener hechos los deberes de caligrafía y arimética.
En ocasiones, pateando una pelota de papel de plata en el recreo, le venía a la cabeza de forma repentina una excusa rematadamente buena.
Y no no podía reprimir el impulso de usarla en la siguiente clase para no presentar los deberes, aún cuando los tenía todos hechos. Y las series del sumas y restas cuidadosamente calculadas pasaban del carpesano a la palerea de su cuarto.
Y es que Crispín era un embustero responsable.
El crío era el ojito derecho de su tutora, la Srta. Blanco, desde que un día, distridamente, la puso al día de la trágica muerte de su padre en altamar, poco después de su nacimiento. La joven profesora se enternecía ante la entereza del pequeño, hijo del capitán de un buque atunero desparecido en extrañas circunstancias. Y ello le hacía pasar por alto su bajo rendimiento, consecuencia indudable de la ausencia de una figura paterna cariñosa pero autoritaria.
Crispín justificó la presencia del señor del bigote que acompañaba a su madre en las reuniones de padres diciendole que era un pretendiente que intentaba usurpar por todos los medios el puesto de su querido progenitor.
El padre de Crispín, comercial de una empresa de productos de limpieza industriales, nunca entendió las miradas frías y reprobatorias de la Srta. Blanco en las reuniones del APA.
01 julio 2004
Causa perdida
Despues de años de dedicación has conseguido que tu familia te considere una causa perdida.
Tus sufridos padres te entienden, o más bien te conocen. También algunos pocos familiares, cercanos de verdad. Pero la familia distante se ha cansado de hacer cábalas intentando encuadrarte en una categoría.
Se desesperan viendo como caducan sus quinielas matrimoniales y se hacen añicos los clichés que driblas con destreza de fichaje galáctico.
Sólo con gran determinación y con un contínuo trabajo de desmarcaje y ausencia sistemática consigues que se cansen de incluirte inutilmente en las baterías de preguntas incómodas sobre status social, proyectos laborales, planes hipotecarios, adquisiciones automovilísticas, alardes de tecnología fotografico-digital y demás temas al uso.
Temas que de tan sobados mueren de inanición sobre el hortera mantel color salmón del agobiante salón de bodas. Entre la copa de helado medio derretida y el cenicero repleto de colillas.
Porque no sabes de futbol. No entienden muy bien como te ganas la vida. Ni nunca les has presentado una novia. Ni entras en el debate sobre cual es el mejor TDI por veinte mil euros.
No les incomodas, no les molestas.
Tan sólo no saben que hacer contigo.
Tú te estás acostumbrando y hasta empiezas a cogerle el gustillo.
Pero te sabe mal por ellos.